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La ruta del whisky made in Spain


Aunque resulte extraño, Segovia guarda un trocito de Escocia en sus entrañas. Al pensar en whisky, lo primero que se nos viene a la mente es el país de las Highlands. Pero un valiente empresario segoviano trajo de Escocia el mejor souvenir: la receta del whisky y su interés por comercializarlo.

La historia del whisky español es fruto de la casualidad. Corría el año 1929 cuando a Nicomedes García le rechazaron una partida estropeada de 100 barriles de cerveza. En lugar de tirarla, Nicomedes la destiló y envejeció durante tres años en barricas de roble. De ahí salió un brebaje similar al whisky y en 1955 Nicomedes fundó las destilerías DYC en Palazuelos de Eresma (Segovia).

Así, igual que los escoceses han hecho de sus bodegas y destilerías visita obligada, también podemos disfrutar en España de su propia ruta del whisky.

El itinerario comienza en los montes de Valsaín, donde nace el río Eresma, cuyas aguas son utilizadas para la elaboración el whisky.

Las destilerías son la segunda parada de la ruta. Aquí podemos conocer cómo se elabora el whisky. En la maltería vemos cómo se transforma la cebada en malta, mezclándola con agua. En cinco días la cebada germina y se desarrollan las enzimas necesarias para la preparación del aguardiente de malta, el ingrediente principal para la elaboración del whisky, mediante un proceso de doble destilación en los alambiques de cobre. Fabulosa sala para los amantes del whisky.

Otra variedad de este licor se obtiene mediante cereales como el maíz. De este maíz se obtiene el almidón del cereal que se transforma en mosto azucarado. Gracias a la levadura se consigue un destilado de cereales o grain del 94,7% de alcohol.

El aguardiente de malta y el destilado de grain se meten por separado en barriles de roble americano (que nunca antes han contenido otro licor) y se tienen un mínimo de tres años para el destilado de cereal y de cinco años para el aguardiente de malta.

Tras el proceso de envejecimiento, el whisky merece un envoltorio en condiciones. Por ello, visitamos la Real Fábrica de Cristales de La Granja donde los maestros vidrieros nos muestran su arte y valentía con las manos, que moldean piezas únicas de cristal con las mismas técnicas utilizadas en el siglo XVIII.

La última parada de la ruta es Segovia. La capital del cochinillo destila historia en todas sus calles, conservando su casco histórico y los comercios y bares de toda la vida.

Si al llegar todos los viajeros se sorprenden cuando se topan con el impresionante acueducto romano, al intentar salir de Segovia la fabulosa iluminación nocturna del símbolo de la ciudad los atrapa.

Si estas vacaciones de invierno andan por España, Sevovia y su ruta del whisky debera ser una parada obligada.







 
 
 
 
 
 
   
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